n/a/s/l
16 December 2017 — 23 December 2017
(Solo)


“Yo tenía la intuición de que el mundo tendía
a parecerse cada vez más a un aeropuerto.”
Michel Houellebecq, Plataforma

 

La pintora inmersa entre fantasías, ficciones. Ilusiones de luz y sombra. Sus obsesiones: color y forma.

Bebés de la pantalla.

En sus sueños se visualizaba a ella misma pintando autorretratos. Se pintaba soñando, acostada, dormida, tendida sobre la cama en posición fetal, el peso sobre la parte izquierda de su cuerpo, los ojos abiertos postrados fijamente sobre la ventana. Imaginaba el paraíso, en su mente los paisajes de Trinidad de Peter Doig mezclados con la literatura más suelta y arriesgada de José Lezama Lima, sus paraísos líricos, marañas y nudos de adjetivos. Romantizar el rococó, reflexionar el neobarroco americano, latino.

Cuba, Trinidad.

Recordaba intensamente sus viajes al sur, su tropicalización, y las veces que procuró el exotismo.

Sus apuestas por un realismo de corte mágico y especulativo, con piel obscura y ojos rojos que aparecen momentáneamente entre la negritud de las sombras. En su mente el blanco del soporte con tres capas de gesso acrílico perfectamente aplicadas con pistola y compresora, por otro lado la totalidad café y expresiva del lino o el yute sobre el bastidor de madera, engrapado. Esa mañana leyó, en la contraportada de la novela El Primer Hombre de Albert Camus, Editorial TusQuets (México,1ra Edición, 2009) “Los pobres no tienen historia, o tan sólo aquella que les otorgan las guerras y las revoluciones”. Recordaba Plataforma de Houellebecq, donde afirma que de la vida uno recuerda poco más de lo que se recuerda de una novela y que “con el tiempo, todo parece demasiado difícil; la vida se reduce a eso”.(1)

Cuando despertaba, abría los ojos, se levantaba y posaba frente al espejo. En el espejo un payaso, como posando en el aire con los brazos y piernas abiertas tratando de levitar antes de impactarse contra el piso en su caída libre de un rascacielos, como gritando, tratando de sostenerse sobre el aire y evitar la inminente catástrofe. En la ventana un paisaje de tonos verdes, interrumpido por un florero de porcelana blanco que hospeda una flores de color rojo y que aparece en primer plano, junto al marco de madera entintada en blanco que construye la ventana, y que apenas parece en cuadro. Pensar sobre la mirada desde una poesía: Los 35 Sonnets de Fernando Pessoa (Lisboa,1988):

I
Whether we write or speak or are but seen
We are ever unapparent. What we are
Cannot be transfused into word or mien.
Our soul from us is infinitely far.
[…] The abyss from soul to soul cannot be bridged
[…]We are our dreams of ourselves, souls by gleams,
And each to each other dreams of others’ dreams.

Así sea en la escritura, en el habla o la vista,
Jamás nos revelamos. Nuestro ser no transmite
Al libro o la palabra, el ser que los habite.
Es nuestra alma lejana y de nosotros dista.
[…] Entre un alma y otra alma, en su abismo, no hay puente,
[…]Y somos otros sueños, y somos de otros sueños. (2)

De The Anxiety of Influence (A Theory of Poetry) escrito por Harold Bloom en 1973 recordaba que en el capítulo de Daemonization or the Counter-Sublime el autor afirmába:

“Poetry, despite its publicists, is not a struggle against repression but is itself a kind of repression.”(3)

En sus registros fotográficos —Sustantivos: ríos, mares, playas, muelles, aeropuertos, manos, personas, sujetos, rostros y extremidades, dibujos y pinturas … En su mente imaginaba de qué manera podría retratar la consciencia del reflejo, los minerales sintéticos, la bisutería fantástica, los egoísmos y las superficies. Aspiraciones y frustraciones. Deseos, representación.

Espejos y ventanas.


  1.  Michel Houellebecq, Plataforma (Barcelona: Editorial Anagrama, 2002), 120.
  2.  Fernando Pessoa, 35 Sonnets / 35 Sonetos (Oaxaca: Editorial Calamus), 20-21. Trad. Eduardo Langagne.
  3.  Harold Bloom, The Anxiety Of Influence (A Theory of Poetry) (New York: Oxford University Press), 99.

 




All photos by Ivo Loyola